La temperatura del acuario

Glaciar (Monte Perdido)

 

Otro parámetro importantísimo a considerar en el mantenimiento de peces de acuario es la temperatura. Esta interviene decisivamente en las reacciones químicas y por tanto en la mayoría de procesos bioquímicos. Además, hay que tener en cuenta que la concentración de oxígeno en el agua desciende conforme esta aumenta. Son muchos los factores determinantes de la temperatura en cada ecosistema acuático. Los principales son el clima, la latitud, la altitud, la insolación e incluso factores geotérmicos complejos y el comportamiento de las grandes masas de agua como las corrientes marinas.

Aquí tenemos a unos barbos sobreviviendo como pueden a la espera de que lleguen las lluvias. Han quedado atrapados en una pequeña poza a causa de la sequía. La insolación es directa, la temperatura del agua muy elevada y respiran agitadamente a causa de la falta de oxígeno:

Llierca (Anoxia)

© RCG. Zootecnia doméstica. CCBYSA3.0

 

En el otro extremo, unos foxinos a muy pocos grados de temperatura y a 2345m. de altitud respiran pausadamente aunque no paren quietos…

Biotopo lacustre alta montaña (Andorra)

© RCG. Zootecnia doméstica. CCBYSA3.0

 

Solemos diferenciar a muy grandes rasgos y de forma imprecisa entre acuarios de agua fría y caliente o tropical. Esto incluye tanto al agua dulce continental como marina. Es obvio que podremos encontrar cursos de agua cuya temperatura puede oscilar a lo largo del año e incluso de un día a otro. Sin embargo las aguas marítimas presentan fluctuaciones mínimas y los cambios son lentos debido a su gran volumen.

Una vez más nos veremos obligados a recurrir a las convenciones para tratar este tema y como siempre, en detrimento de los ecosistemas intermedios (Ni “fríos” ni “calientes”). Afortunadamente la mayoría de organismos acuáticos presentan cierto margen de tolerancia que nos facilitará la tarea considerablemente.

 

Charca (Senegal)

© Kumar. CCBYSA2.0

Si tenemos presente que el medio interviene decisivamente en la selección de las especies entenderemos con facilidad que haya peces con mayor tolerancia a los cambios de temperatura que otros dependiendo de las fluctuaciones que presente su ecosistema originario. Es por ello que las especies originarias de los pequeños cursos de agua (Muy dependientes de la pluviosidad) o de pequeñas charcas de escasa profundidad (Influenciadas por la insolación) acostumbran a ser más tolerantes que las propias de mares abiertos, cursos bajos de los grandes ríos y masas de agua continentales en zonas ecuatoriales de baja altitud.

Ya puestos a tratar casos extremos, tenemos el caso de los ciprinodóntidos (Killis). Unos peces adaptados a altísimas temperaturas que deben soportar la rápida desecación de sus biotopos. Tal es su adaptación que el agua desaparecerá y morirán pero habiendo dejado huevos de resistencia en el limo que eclosionarán durante las próximas lluvias. En la imagen, un humedal desecándose en Senegal.

 

Pongamos un ejemplo próximo: Tenemos un acuario comunitario tropical en perfecta armonía en el que conviven algunos barbos asiáticos (Puntius sp.) con basureros (Corydoras sp.), cebritas (Brachydanio rerio), neones chinos (Tanychtis sp.) y el omnipresente ventosa (Plecostomus sp.). Todos ellos mantenidos a 26ºC despliegan un comportamiento normal y muestran un perfecto estado. Sin embargo el equipo de limpieza (Ventosa y basureros ) proceden del tramo medio del Amazonas y su tolerancia a los cambios es mínima si han sido capturados.

Por el contrario las cebritas y neones chinos están próximos al límite máximo de tolerancia pues pese a ser tropicales habitan los cursos rápidos de cierta altitud cuyas temperaturas oscilan considerablemente a lo largo de las diferentes estaciones. Resultado: Todos ellos llevarán una vida más o menos normal pero éstos últimos difícilmente se reproducirán pues los cambios térmicos determinan la inducción al desove.

En este caso el margen de temperaturas (Amplitud térmica) puede rondar los 10ºC pero volvamos al Amazonas. Una pareja de cíclidos sufrirá una pequeña variación de uno o dos grados dependiendo de si se encuentran en la estación seca o húmeda y este pequeño margen determinará la puesta de los huevos.

Otro ejemplo típico serían los peces rojos (Carassius auratus) propios de “agua fría” que hibernan en el fondo del estanque en las zonas templadas del hemisferio norte a unos 6ºC para reproducirse en primavera a unos 18ºC y tener que soportar en verano unos nada confortables 25ºC. Este es un caso de gran tolerancia y uno de los motivos por los que se considera a esta especie como muy resistente y óptima para iniciarse en el acuario. Pero tenemos que volver a las convenciones para definir en términos muy generales las diferentes categorías de acuarios en función de su margen de temperaturas.

 

 

Acuarios de “agua fría

Se asume que un acuario de agua fría mantiene la temperatura ambiente del domicilio en que se halla y, por tanto no se calefactará. Puede ser de agua dulce, salobre o salada. En casos especiales como un vivero de truchas o marisco o un marino del Mar del Norte (Por ejemplo) deberá recurrirse a la refrigeración (La tratamos aparte).

 

Acuarios de “agua templada

Un término medio entre los fríos estrictos y los tropicales. Poco frecuente pero interesante.

 

Acuarios tropicales o de “agua caliente

Normalmente se calefactan a unos 24 – 28ºC siendo unos 26ºC una temperatura correcta para gran número de especies. Pueden ser de agua dulce, salobre o salada.

 

Debo hacer hincapié en una cuestión importante. Un Carassius auratus (pez rojo) se ve sometido a una amplitud térmica (Margen de temperaturas) anual de unos 20ºC. Es decir, que soportará un cambio lento y progresivo de veinte grados. Pero si de forma súbita los sometemos a un cambio de tan sólo cuatro o cinco grados, sufrirá un shock térmico que, de no matarlo, reducirá y mucho la eficacia de su sistema inmunológico apareciendo enfermedades en poco tiempo.

Un caso ejemplar es el de la Botia payaso (Chromobotia machracanta) que presenta con muchísima frecuencia los síntomas de la enfermedad del punto blanco (Ictiophtiriasis) que no es otra cosa que la consecuencia de un “resfriado” por inhibición del sistema inmunitario debido a un cambio brusco de temperatura que puede ser de ¡Dos grados centígrados!.

En el otro extremo encontramos especies como la gambusia (Gambusia affinis) que a veces se ve obligada a sobrevivir en “charcos” de apenas cinco centímetros de profundidad situados a pleno sol cuya amplitud térmica día – noche puede rondar los quince grados.

Este tema está directamente relacionado con “Calefacción“>

Este tema está directamente relacionado con “Refrigeración“>

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